sábado, 31 de enero de 2009

La noche ignorante


El torpe aleteo de una mosca despistada cabía entre las dos manos, fuertemente unidas como las de un mendigo que resguarda su mendrugo de pan. El aire no podía escapar pero tampoco entrar y el cosquilleo entre los dedos se hacía cada vez más irresistible, hasta tal punto que la duda habitó durante escasos segundos en la presa del insecto. Decidir si la vida de la mosca es más importante que soportar el desagradable roce de las alas en las manos era la única preocupación, inconsistente e insustancial, de los últimos minutos de la noche. Son ignorantes los sentidos cuando lo que pesa en el alma es aquello en lo que nos convertimos día a día. Finalmente, decidió abrir su mano y lo que encontró en ella era cuanto hubiese querido hallar en su mismo ser.

2 comentarios:

  1. La vida, la libertad...
    Si que es inquietante, sentir el aleteo "de lo que sea", encerrado en tus manos, sabiendo que desea escaparse...

    Besos!!

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  2. "Inevitables golosas,
    que ni labráis como abejas,
    ni brilláis cual mariposas."

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