miércoles, 21 de enero de 2009

El día que partí de noche


Pasaré mi vida entera mirando a mi alrededor, buscando la noche... El día es un subterfugio de añoranzas para resguardar mi cabeza y mi pecho de un dolor persistentemente ignorante. Impávido ante la desestructura del cuerpo, de la mente y del corazón, sigo buscándola en mis sueños, en mi imperceptible realidad, como la lluvia al suelo o el mar al cielo en el horizonte finito de una bola de crital.
Todo amanece desquiciado y aborrecido porque no hay mayor mentira que los sueños nunca pueden ser verdad, hasta que despiertas y enloqueces entre los rayos del sol y el mundo a tempo prestissimo y deshumanizadora claridad.


Siempre queda la esperanza, emborronada por las lágrimas y el café derramado. ¿Tal vez nos equivocamos cuando elegimos la noche para dormir y el día para sobrevivir? Los sueños siempre nos permiten sobrevivir cada día pero sin sueños vivimos muriendo hasta que el mundo acabe con nosotros.

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